Sinopsis
Ethan Bush regresa a Kansas,
escenario de Los Crímenes Azules,
para zanjar un asunto que había quedado pendiente y que le atormentaba desde
hacía meses. ¿Quién mató a Sharon Nichols? Pronto descubrirá que intentar
resolver un crimen acaecido en 1998 no es precisamente una tarea sencilla.
Una novela emocionante en la que el
agente especial de la UAC del FBI tendrá que enfrentarse a sus propios
monstruos mientras levanta ampollas en un condado donde los secretos ya estaban
sepultados bajo toneladas de tierra.
Mi Opinión
Aunque suene un tanto extraño, normalmente
no leo una secuela inmediatamente después del libro previo, no lo hago porque prefiero
darme un tiempo para leer otra clase de género, o en ocasiones debido a que ya
tengo una planeación de libros pendientes y procuro seguir ese orden. Pero esta
vez no me pude resistir, después de haber leído Los Crímenes Azules (puedes leer la reseña aquí) no pude resistirme
a continuar con Libélulas Azules de
Enrique Laso, era como si desde mi estantería el libro me incitase a no demorar
en devorar sus páginas.
Esta historia nos sitúa en el
mismo condado del estado de Kansas donde aconteció el caso de Los Crímenes Azules resuelto por Ethan
Bush y su equipo, sólo que un año y medio después. Ethan regresa para zanjar un
asunto pendiente, pues, aunque encontró y encarceló al homicida de las dos
jóvenes encontradas muertas hace poco más de un año, quedó sin ser esclarecido
el caso del asesinato de Sharon Nichols, una joven con un futuro promisorio
cuya vida fue truncada abruptamente casi 20 años atrás. Las razones que orillaron
a Ethan Bush a volver no las mencionaré, puesto que sería un spoiler gigantesco
si no han leído el primer libro, mejor que lo descubran por ustedes mismos.
Cada vez que leo una secuela me
resulta sencillo adentrarme en ella, pues leer prácticamente los mismos nombres
tanto de personajes como de lugares donde la historia se desenvuelve ayuda
bastante, ya estás totalmente familiarizado con el entorno. Aunque debo agregar
que, como buena secuela, se incorporan nuevos personajes que vuelven a la trama
independiente de su predecesora, dándole frescura y renovando el interés del
lector; además, muchos de los personajes que aparecieron previamente tenían aún
más por contar, remover las tierras acumuladas durante 20 largos años trae a la
luz toda clase de secretos.
El punto que más destacaré de
este libro es el ritmo tan frenético que posee, Enrique Laso lo hizo de nuevo,
utilizando las mismas técnicas de prosa ligera y de capítulos cortos ha logrado
que la lectura sea tremendamente ágil, cuando menos te lo esperas estas a punto
de concluir el libro. Otro aspecto favorecedor es la trama, de nueva cuenta te
mantiene con el alma en un hilo por saber que pasará a continuación, además que
una vez más no acerté en mis elucubraciones acerca de quien había acabado con
la vida de Sharon, la trama nuevamente fue impredecible y eso se agradece.
Lo único que no me gustó del
libro, aunque debo admitir que fue culpa mía, es que éste es la tercera entrega
de la saga de Ethan Bush escrita por el autor, existe una obra en medio de la
línea temporal entre Los Crímenes Azules
y este libro, así que dentro de los diálogos se hace alusión al segundo y cada
vez que aparecía una referencia hacía él sentía una punzada en el estómago. Pero
insisto, fue mi error al no haber indagado un poco más en el orden cronológico
de las obras del autor. A pesar de que no afecta en lo más mínimo la trama, les
recomiendo llevar el orden correcto.
Para concluir sólo agregaré que
de nueva cuenta el final es espectacular, quedé estupefacto cuando Ethan y su
equipo poco a poco revelaban el nombre del culpable, no cabe duda que, en
ocasiones, de quien menos se sospecha es capaz de cometer actos atroces y
espeluznantes. Sólo me queda exhortarles a leer este libro, no ha quedado a deber en ningún
aspecto, ha sido una secuela excelente y seguro estoy que lo disfrutarán tanto
como lo he hecho yo.